Belisario Domínguez, aspiración nacional del parlamentarismo mexicano.
Actualizado: 9 mar
La primera vez que escuché de Belisario Domínguez fue a través de la ceremonia de entrega de la medalla de honor que recibe su nombre. Fue en 2019, cuando AMLO acompañó la sesión de premiación a Rosario Ibarra de Piedra.
Conocí el Discurso de Belisario en voz de la hoy presidenta municipal de Guadalajara, Verónica Delgadillo. Escucharla fue estremecedor: su interpretación de aquel mensaje valiente y poderoso me permitió dimensionar la fuerza de un discurso que marcó para siempre la historia del parlamentarismo mexicano. Video.

Yéndome más atrás, llegué con el video donde Layda Sansores “increpa” a Peña Nieto en 2016, cuestionándolo sobre la verdad histórica, aún pendiente, de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Video.
Después conecté más con Belisario Domínguez, esto al enterarme que era médico de origen chiapaneco, particularmente de Comitán, donde mi mamá, nacida en Tuxtla Gutiérrez, tiene especial conexión por su familia paterna, de apellido Vives.
Es así que Belisario Domínguez se convirtió en una figura de aspiración para mí y, presumo, de aspiración nacional.
Por mi labor y sentimiento de responsabilidad de abrir las puertas del Congreso, he acompañado sendos recorridos guiados al Senado, donde por decenas de ocasiones he sido testigo de la pregunta obligada en el pleno del Senado a los jóvenes: “¿Saben quiénes son los personajes de los bustos a la izquierda y derecha?”. Casi siempre, sin ninguna duda respondían José María Morelos y Pavón a la derecha, y a la izquierda, casi sólo 1 de cada 3, tenía la respuesta: Belisario Domínguez.

Hoy, al buscar en Google quién fue Belisario Domínguez, la primera búsqueda que aparece es “Senador Valiente: En 1913, como senador, pronunció discursos en la Cámara de Senadores donde llamó a Victoriano Huerta traidor y asesino, exigiendo su renuncia tras el asesinato de Francisco I. Madero”.
Tres líneas de texto que resumen de manera breve lo que fue: un Senador Valiente, y eso es a lo que aspiro. Legislar por razones que en este momento espero sean obvias: representar a mi comunidad LGBT+ y a sus causas en el Congreso, y valiente porque precisamente esa agenda no es la más popular en este momento.
Cuando “salí del clóset”, lo hice con una frase que ideé en ese momento “hasta que ser libre no sea un acto de valentía para nadie”, con esa frase le hacía saber a mi círculo cercano que era gay, en su momento implicó fortaleza y valentía.
En 2023, celebré mi segundo informe de actividades al frente de LGBT+ Rights México, fue un informe distinto, donde rendí cuentas y, a través de testimonios, ilustramos los rostros de las personas que en ese momento habíamos logrado impactar de manera positiva su vida a través de la formación y empoderamiento político.

Claramente la comparación entre mi historia y la de Belisario Domínguez no es para nada equiparable: Belisario dio la vida por su país cuando alzó la voz después de largos meses de silencio ante el desgobierno de Victoriano Huerta, al hacer un llamado al Senado y a la población a defender la libertad.
Sin embargo, sí que me siento valiente al defender una agenda que se ha caracterizado por ser impopular.
Belisario nos enseñó cómo defender la libertad. Ahora con uniformes neutros, he entendido que mi labor es precisamente la de dar voz, dibujando los rostros de las infancias trans, que al no poder asistir a clases como desean, las lastima. Además, la de empujar una iniciativa que hoy más que nunca, es muy necesaria, y que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha reconocido en su paso como jefa de gobierno.
Ahora la distancia me ha dado perspectiva y, al enterarme de que precisamente Belisario regresó de París con un sentimiento de responsabilidad a su país, es que nace en mí el gusto de compartirles más de mí, a partir de mis ideas.
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